Lo que es hoy en día Mas de Sella, su viñedo y sus vinos, son el resultado de la interacción de una familia, nuestra familia, con su tierra, nuestra tierra.

Hacia 1945, nuestro abuelo Jacinto Llinares adquiere una finca en la vertiente sur de la Sierra de Aitana, en la provincia de Alicante, a 900 metros de altitud y tan sólo 10 km del mar. En aquella época, las fincas de la zona tenían masías y las masías estaban habitadas por familias de agricultores que cultivaban la tierra.

Con los cultivos de las masías, las familias se auto-abastecían de los alimentos básicos para su supervivencia. Cada masía tenía sus olivos, cepas, árboles frutales, trigo, y animales, y con ellos cada año se proveían de su propio aceite, vino, harina, leche, etc.

La variedad de este auto-abastecimiento es una de las bases de la riqueza biológica de la finca.

Mas de Sella 194
Foto de la finca tomada cuando la compró nuestro abuelo en 1940

Uno de los recuerdos más bonitos de nuestra infancia era las visitas a la finca. A lo largo de las décadas de los 50, 60 y 70 del siglo pasado, nuestro abuelo nos llevaba allí con frecuencia, por lo que pudimos conocer y de algún modo vivir aquel mundo antiguo: vimos arar con mulos, transportar los frutos en carros, cocinar con leña y la utilización de velas para iluminarse porque no había red eléctrica.

Esas experiencias nos marcaron profundamente y sin saberlo, de alguna manera fue el origen de nuestra locura.

Y dos pilares fundamentales de la vida de la finca eran las cepas y la bodega de la masía. Los maseros hacían su vendimia hacia primeros de septiembre, y elaboraban un vino que debía de aguantar sin hacerse malo hasta que llegara el vino de la cosecha siguiente. Para conseguirlo se vendimiaban las uvas sobre-maduras para subir el grado y obtener azúcar residual, se prensaba pisando las uvas y se fermentaba con los hollejos y el raspón. Una vez terminada la fermentación alcohólica se prensaba y se llevaba el vino a unas grandes barricas, desde las cuales se iba sacando para su consumo. El resultado eran vinos muy fuertes para el gusto actual, (de alto grado alcohólico, con azúcar residual y muy tánicos), pero con buenas condiciones para su conservación.

        Estos vinos tan brutalmente artesanales, crearon la leyenda de que no era posible hacer vinos de calidad en las montañas. Demostrar que eso no era cierto, fue uno de los retos que nos planteamos hacia el año 2003.

Varios miembros de la familia teníamos curiosidad y contactos en el mundo de los vinos de calidad. Estos contactos nos hicieron ver que había similitudes de paisaje,  orografía y climatología con los viñedos del Priorato: clima mediterráneo, con infinitas horas de sol, seco, pero al mismo tiempo con una influencia de la proximidad del mar y el contraste térmico entre día y noche por la altura de los viñedos.

Con estos antecedentes, nos decidimos a explorar las opciones de recuperar la viticultura en esta finca.

Os iremos contando más…